Sexta-feira, 28 de Maio de 2010

Grecia (nos) despierta


En la cultura epítome de la libertad, hay en estos momentos de pánico silencioso una $ola y bienvenida expre$ión.
Ernesto González desde Estados Unidos | Para Kaos en la Red | 17-5-2010
DESPERTAD, PUEBLOS DE EUROPA He estado allí una sola vez, pero me enamoré de ese país como un quiceañero primerizo en avatares del amor. Llegué con los sentidos alertas, dispuesto a oler y a tocar, además de ver y sentir la historia de ese país único.

En el aeropuerto O’Hare la negra americana que me chequeó el equipaje y me entregó el pasaje, se rió muchísimo al comprobar que iba “hasta Europa” acompañado únicamente de una mochila mediana. La risa auténtica de esa cuarentona no podía menos que presagiar un viaje inolvidable, como de hecho lo fue.

Las clases de Historia de la Cultura en la universidad de La Habana, dadas por un apasionado y joven profesor (unos pocos años mayor que sus alumnos), y posteriormente la influencia de Marguerite Yourcenar, que adoraba a Grecia de pies a cabeza, habían preparado el terreno para el encantamiento que experimenté al avistar desde el avión el conocido color turquesa del mar. Al fin estaba en Grecia.

La Acrópolis, la Plaka, la hermosa visión del Partenón durante la noche, las ruinas, visité los más conocidos encantos de Atenas en sólo tres días, para embarcarme entonces hacia las islas. Usaba cinco de los diez días de vacaciones al año que tenía, y había que correr para verlo todo. Un concepto diferente de vacaciones, donde lo menos que se hace es descansar.

Un arquitecto recién graduado, con quien conversé en el barco, en dirección a Mykonos, me explicó en perfecto español que las cosas no eran lo que parecían. Sobre todo, se concentró en hablarme de lo mal que trataban a los trabajadores extranjeros, lo poco que les pagaban, los problemas del sistema de salud.

Yo, de todas formas, en esa suerte de fantasía en la que estaba inmerso, y por supuesto sin desmentirlo, me negaba a creer que hubiera problemas realmente graves en el país. Ni siquiera al conversar con un trabajador de la construcción albanés, advertí signos de desencanto. Quizás, yo no deseaba advertirlos o era el sol, los colores tan vivos o el recuerdo de las excelentes clases de Historia de la Cultura en Cuba los que no hacían espacio para esos signos de desencanto.

Cuando los griegos se tiraron para la calle y colocaron al costado del Partenón el cartel que llamaba al levantamiento de los pueblos de Europa, no pude menos que hacer el comentario en voz alta en mi trabajo. Ya lo había hecho una vez, cuando intentaron subir los años de retiro a los franceses, y también se lanzaron a protestar, y lo había hecho por primera vez al enterarme de varios casos de conocidos que perdieron miles de dólares de sus retiros. Pero silencio, silencio siempre, silencio eterno para estas cosas que no son tan cool.

En la cultura epítome de la libertad, hay en estos momentos de pánico silencioso una $ola y bienvenida expre$ión. El día se vuelve una recurrencia de diver$a$ cara$ del mi$mo tema, y el aburrimiento (y emburramiento) pesan más que el invierno que no se acaba de marchar.

Los miedos no nos dejarán protestar por nuestros sueldos que siguen congelados, mientras se anuncian ganancias en las reuniones trimestrales, por el robo de las pensiones de tanta gente, por la escasez de dinero para la educación en un país que se precia de su riqueza (consumida por guerras de posicionamiento estratégico).

El emburramiento continuará acelerándose de mil formas diversas, entre ellas las continuas firmas de cartas, organización de plataformas para la “democracia” y otras sandeces con las que creen engañar a los cubanos fuera y dentro de la isla.

No está cercano ese despertamiento general que convocan los griegos, pero tampoco está lejos. Y eso no tiene tanto que ver con predicciones ideológicas como con una realidad sumamente palpable, diáfana, para quienes deseen verla, y dictaminada por el único pre$idente en verdadero ejercicio. No está cercano ese despertar sobre todo en una U$américa donde todo conspira en aras de las fantasías interminables y la libertad del ego que, por cierto, es la peor de todas las cárceles.

Ernesto González, escritor cubano residente en Chicago, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba de español creada por Riverside Publishing. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica), y pueden leerse fragmentos en Google Books

 

Fonte: Kaos en la red

publicado por Rojo às 10:02
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